LOS ZETA, EL TERRORISMO Y LA COLONIZACIÓN DEL ESTADO

Por Jorge Gayo. Estados Unidos incluyó a Los Zeta en su denuncia de un plan terrorista iraní que se desarrollaría en las Américas. El gobierno de Obama encuadra a los Zeta como algo aún más peligroso que un  cartel dedicado al tráfico de drogas. Los ubica al lado de La Camorra italiana, la Yakuza japonesa y El Círculo de los Hermanos que opera desde la ex Unión Soviética.Una mafia que coloniza estados.

Los Zetas, organización criminal de origen mexicano, fueron  incluidos por el gobierno de Barack Obama en la denuncia sobre un plan de elementos iraníes para cometer actos terroristas en Washington y Buenos Aires.

La expansión de Los Zetas ha sido tan arrolladora que los cárteles narcos  hasta ahora más fuertes en México (del Golfo, Sinaloa-Pacífico y La Familia) formaron una alianza para enfrentarlos  en todo el territorio mexicano, según el director de inteligencia de la DEA, Rodney Benson.

El gobierno norteamericano ya encuadra a los Zeta como una mafia diversificada más que como un  cartel única y específicamente dedicado al tráfico de drogas. Una reciente orden operativa de. Presidente Obama los ubica al lado de La Camorra italiana, la Yakuza japonesa y El Círculo de los Hermanos que opera desde la ex Unión Soviética.

Originalmente estructurados a finales de los noventa como una fuerza de sicarios que  actuaba a las órdenes del entonces capo del Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén, los Zeta son hoy una red extendida desde México a toda Centroamérica, a varias ciudades de Estados Unidos y Europa así como a varios países de América del Sur, entre ellos Argentina. Sus actividades incluyen desde el comercio de cocaína, metanfetaminas, heroína y mariguana, al  tráfico de personas, el contrabando, la extorsión, la piratería, el comercio en negro y el lavado de dinero. Son, por otra parte, la única organización mexicana que, en más de 20 años, ha atentado en contra de investigadores federales estadounidenses (asesinaron en Méxicoa un agente de la Oficina de Inmigración).

Una reciente pesquisa de Steven Dudley para InSight Organized Crime In The Americas ofrece una minuciosa descripción sobre los Zeta. Entre sus rasgos principales el investigador subraya que “el corazón de su estrategia es la noción de que la parte más importante…es controlar el territorio… (esa) perspectiva militar ha tenido un profundo impacto”. La violencia extrema y espectacularmente macabra es funcional a ese objetivo de control territorial (un barrio, una provincia, un país), asegurado el cual la organización comienza a cumplir funciones paraestatales: cobra un impuesto (“el piso”) a todas las actividades ilegales que se realizan en el territorio y termina administrando directamente las más rentables o asociándose a ellas por cooptación. Su manejo desnudo e ilimitado de la violencia es un argumento decisivo. Recluta  para sus fuerzas operativas a miembros retirados o en actividad de las fuerzas de seguridad o militares y a a grupos delictivos de  adolescentes fácilmente manipulables y fácilmente sustituibles;soborna y maniobra  jerarquías políticas, castrenses, judiciales, es decir coloniza paulatinamente la estructura estatal.

En Guatemala, el caso piloto investigado por Dudley, los Zeta ya han alcanzado un despliegue que excede largamente lo operativo. Un “ala administrativa” maneja el dinero recaudado por operaciones y se ocupa de pagos, sobornos, inversiones legales e ilegales, “acción social” (financian una serie de ONGs y hasta jardines infantiles en zonas muy humildes) además de la recolección de información, a través de una legión de mendigos, pequeños comerciantes, taxistas, prostitutas, etc.

El exitoso “modelo Zeta” tiende a convertirse en una matriz también para otras organizaciones criminales. “Los estados que  no erradican este cáncer a tiempo derivan paulatinamente a la condición de estados parias”.

El presunto involucramiento de Los Zetas en la conspiración de origen iraní  denunciada por Washington supone un cambio de sintonía en las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica. Hasta ahora, Washington –a través de la DEA, la CIA o el Comando Sur-  habían advertido sobre la asociación entre el narcotráfico y algunos grupos guerrilleros latinoamericanos que operaban dentro de sus respectivos territorios nacionales. Ahora, la investigación norteamericana avanza sobre  una conexión directa entre el narcotráfico y un Estado extranjero destinada a cometer actos terroristas en Estados Unidos. Este cambio insinúa con mucha elocuencia una intensificación de la presencia  de los organismos de inteligencia estadounidenses en el subcontinente.



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